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  • Reflexión Semanal 20 de julio 2016

    Gilberto Rocha 20 Julio 2016

    TU PALABRA    Simplemente di: “Sí, lo haré” o “No, no lo haré”. Cualquier otra cosa proviene del maligno.    Algo que tristemente ha perdido valor es la palabra de la gente, difícilmente se puede confiar en ella, aunque firmen contratos, pagarés, promesas o cualquier otro documento legal, la palabra no tiene peso, ni compromiso, ni valor alguno, por eso es que los tribunales civiles están llenos de asuntos y pleitos, por el incumplimiento de la palabra, de promesas, de compromisos de todo tipo, desde aquel que compró algo y bajo promesa de pagar en un plazo determinado de tiempo, no lo hizo y ahora hay que pedir a un juez que lo obligue a cumplir lo que dijo con su palabra, y la firmó, hasta aquellos que realizaron una sociedad o alianza de trabajo, pero tampoco cumplieron lo pactado.   Pero también en este rubro entran las relaciones personales, por ejemplo, el chico que le jura amor eterno a la chica y en un, dos por tres, se olvida de ella, las amigas que se prometen ser mejores amigas por el resto de la vida, pero ante el primer problema que deben sortear, la amistad se desmorona, y lo más grave de todo, parejas que hicieron un pato ante Dios, en un altar de alguna iglesia, prometiéndose amor, respeto, cuidado y atención mutua, pero cuando surgen situaciones que les dan motivos de enojo, entonces se olvidan de sus promesas, se olvidan el uno del otro y se olvidan de Dios, ante quien realizaron su pacto, y se demandan el divorcio.   La palabra es algo que debemos aprender a utilizar y a cumplir desde que somos pequeños, desde que papá o mamá dan una instrucción y el chico o la chica responden: "en un momento lo hago", o "espérame tantito".   El Señor Jesús nos enseña que simplemente digamos "Sí" y lo hagamos o "No" si no estamos dispuestos a hacerlo, si es que tenemos razones para negarnos.   Algo que agrega y me parece importante, es: Cualquier otra cosa proviene del maligno,  y en otras versiones: "del mal procede", ¿por qué? Por la sencilla razón que ser incumplidos con nuestra palabra genera problemas, pleitos, enemistades, conflictos, a tal grado que no solamente podemos terminar ante un juez en un tribunal civil o penal, sino incluso en el infierno.   Y tú, ¿cumples tu palabra?